Explotó Chile por la desigualdad, por el abuso del clasismo Chilensis, por la corrupción de los políticos, por la precariedad de la vida de las grandes mayorías, vidas aquellas, entregadas a la individualidad y competencia de la sociedad de consumo, esa que estimula un feroz exctractivismo que destruye los territorios, que multiplica zonas de sacrificio.
Ahí, en ese escenario llamado Oasis por Piñera antes del 18-O, ahí estalló como olla a presión la violencia estructural del modelo de desarrollo impuesto en Dictadura y facilitado por una Constitución a la medida del poder empresarial y la privatización de servicios, bienes comunes y todo lo que pudo agarrar el capital desde el burocrático Estado. La Concertación y luego la Nueva Mayoría, resultaron meros administradores de un Estado debilitado, favoreciendo al poder empresarial que amablemente les financiaba sus campañas, raspados de la olla incluídos.
Hoy, esos capitalistas no quieren soltar los beneficios de sus negocios, y están dispuestos a pagar cualquier precio para evitar la transformación del neoliberalismo que a ellos, una pequeña parte de la población, ha beneficiado. (sigue)

